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LA PROEZA DE DON LARSEN se mantiene entre las principales actuaciones en la historia de Series Mundiales de Grandes Ligas. (la prensa/ap)
EL ASOMBRO CONTINÚA
A 50 AÑOS LA PROEZA DE DON LARSEN, EL PITCHER IMPERFECTO
Un Juego Perfecto que pasa a la historia del beisbol
Edgard Tijerino M.
deportes@laprensa.com.ni
Una proeza

El pitcher imperfecto Dan Larsen había logrado la proeza de lanzar perfecto.

¡Ah! Si McDougal no asiste a Carey; si Mantle no realiza la atrapada del juego; si Amoros hubiera enderezado un poco su batazo a las gradas; si Larsen se hubiera tomado un par de cervezas más.

Qué inútiles y ridículas son las especulaciones frente a la testarudez del hecho concretado.

Ocurrió hace 50 años. No busquen otro hecho meritorio de Larsen en una carrera carcomida por la mediocridad. Él no necesita más para vivir por siempre entre los recuerdos impactantes del beisbol.

El tiempo pasa, pero las hazañas permanecen tercamente danzando frente a nuestra incredulidad y admiración, con una majestuosidad inalterable, impactándonos como si hubiesen ocurrido recientemente.

Hace 50 años, el planeta beisbol se detuvo bruscamente y la ley de gravedad saltó hecha añicos, viendo como Don Larsen, un pitcher imperfecto, trabajaba con el pincel de Dalí y el cincel de Rodin, el único Juego Perfecto en la historia de Series Mundiales.

Carlos Gardel no podría decir que medio siglo no es nada.

Relata el reputado cronista Phill Pepe que la noche del 7 de octubre de 1956, Don Larsen miró su reloj y se dio cuenta que estaba aproximándose a las doce.

Terminó su vaso de cerveza, una de las muchas que se había tomado y se fue a dormir. Larsen había permanecido atormentado por su pobre actuación en el segundo Juego de la Serie Mundial, malogrando una ventaja de seis carreras que le habían otorgado Mickey Mantle, Yogi Berra, Joe Collins, Hank Bauer y Billy Martin.

Pero temprano ese día, pese a la reciente frustración, el manager Casey Stengel le dijo que sería abridor del quinto juego contrariando la opinión del público y los expertos.

¿Qué fue para Larsen subir a la colina del Yanqui Stadium aquel 8 de octubre de 1956 para retar a los Dodgers? Simplemente todo. Si alguna vez existió un pelotero capaz de concentrar “su grandeza” en un solo juego, ese fue Don Larsen. No necesitó hacer “algo más” en su oscura trayectoria.

Cuenta la leyenda que cuando Don Larsen se presentó al campamento de los “Carmelitas” de San Luis pertenecientes a la Liga Americana en 1953, ciertamente tenía estampa de un futuro astro del montículo con sus 1.93 de estatura y 104 kilos de peso, más una recta de rápido desplazamiento.

Al convertirse los “Carmelitas” de San Luis en Orioles de Baltimore durante 1954, Larsen hizo trizas todos los vaticinios sobre su futuro convirtiéndose en el pitcher más perdedor de las Mayores, con un espantoso balance de 3 triunfos y 21 derrotas. Sorpréndanse, pese a todo eso, los Yanquis, que siempre se han caracterizado por realizar algunas adquisiciones extrañas, forzaron un cambio con Baltimore y lo insertaron en el staff.

Para el spring training de 1955, Larsen llegó con grandes ojeras y muchas libras de sobrepeso, además de una lesión en el hombro y así comenzó la temporada, fuera de condición. Para los primeros días del mes de mayo, sólo había podido ganar un juego y lo llamaban “el trasnochador”.

Llegó el momento en que Stengel no aguantó más y lo envió al Denver en Triple A con una nota: “Aprétenle lo más que puedan las tuercas para corregir su comportamiento”.

Larsen regresó en julio y logró ganar 9 juegos perdiendo 2. Luego, durante la Serie Mundial que perdieron los Yanquis frente a los Dodgers de Newcombe, Erskine, Labine, Loes y Podres, con Amorós realizando aquella atrapada cuyo relato y foto siguen impresionando, Larsen abrió el quinto juego hundiéndose como piedra en un estanque.

Bajo riesgo

En 1956, después de una temporada de 11-5 y 3.25 en carreras limpias y de haber resultado un fracaso como abridor del segundo juego de la Serie frente a los Dodgers, Stengel le entregó la píldora colocando bajo riesgo el quinto juego con las acciones equilibradas 2-2.

Ese fue el día, y ese el juego que Larsen necesitaba para cabalgar hacia la inmortalidad en el beisbol. Durante tres entradas, él y Salvatore Maglie estuvieron perfectos. Aún siendo muy prematuro para pensar en la proeza, todas las miradas eran para Maglie, vencedor de Whitey Ford en el primer duelo del clásico.

Un cuadrangular de Mickey Mantle raspando la bandera del jardín derecho colocó adelante a los Yanquis en el cuarto inning y un hit empujador de Bauer aumentó la ventaja a 2-0.

En el segundo episodio, muy temprano todavía para pensar en algo estremecedor, una jugada defensiva de circo, con bola rebotando en el guante de Andy Carey el tercera base, recuperada por el short McDougal, sacó out a Jackie Robinson en primera con un gran tiro, salvando a Larsen.

En el octavo, cuando 65 mil vibraban tras cada lanzamiento pensando que podía ocurrir algo improbable, una atrapada con el guante de revés realizada por Mantle en lo profundo del left center, decapitando un batazo de Gil Hodges, fue otro gran respaldo al esfuerzo de Larsen.

Y se llegó al noveno episodio con el suspenso cobijando el gran estadio y los sistemas nerviosos traqueteando furiosamente.

Carl Furillo empeñado en destruir la obra maestra, conectó dos fouls violentos, pero terminó frustrado siendo out con una línea al rigth fielder. Siguió Roy Campanella, amenazante como siempre, dando la impresión de ser un elefante cubriendo todo el plato. El primer lanzamiento fue strike, y con el segundo Campanella roleteó a segunda para el out 26. Billy Martin estuvo más seguro que cualquiera de las cajas fuertes de Fort Knox.

Ahora venía el pitcher Magglie al bate, y Alston llamó a Dale Mitchell, un excelente chocador de bola, para que bateara como emergente, mientras el Sol se detenía para secarse el sudor.

¿Cuántos juegos sin hit han sido destrozados faltando un out, o un strike? Larsen tenía que manejar la presión.

Aquí tienen lo que apuntó el ganador de Premio Pulitzer Arthur Daley del New York Times en su libro Grandes Historias del Béisbol: Larsen lanzó una bola rápida y alta, obligando a Berra a levantarse y llegar al montículo.

El siguiente lanzamiento fue también rápido y por el centro que Mitchell dejó pasar y fue strike. Con 1-1 se precipitó sobre otra bola rápida y abanicó para el segundo strike. Un foul y la cuenta siguió igual. Todos estábamos erizados. Larsen tomó la bola, debe haberla acariciado mientras contemplaba su sueño flotando frente a las tribunas. Vino hacia el plato colocando su alma sobre la pelota, y Mitchel quedó paralizado... 27 hombres, 27 outs. Yanquis 2-Dodgers 0.

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